viernes, 18 de junio de 2010

Hablando de Obsesiones. (I)

Que curiosidad representa el pasar del tiempo. Basta con ver a un niño recién nacido en brazos de su abuelo para percatarse que las huellas de su paso son inevitables y necesarias para la continuidad de la vida. El tiempo sin lugar a dudas es el enemigo más temido y al mismo tiempo el Dios mas venerado; siempre dependiendo de la forma en que se le piense.

Recuerdo cuando era un niño añorando las vacaciones , por más cortas que fueran, los días pasaban sin prisa. Amaba los días soleados en frente de mi casa jugando con los vecinitos, me encantaba cualquier juego que implicase saltar, correr o seguir saltando. Cuando eres niño desconoces que eres dueño de una combinación única y pasajera en tu vida, vitalidad-imaginación. Es como un regalo de bienvenida que les da la vida a sus nuevos clientes, pero claro...con fecha de expiración.

Igualmente amaba los días lluviosos, como no posees referencias anteriores el clima gris y pasivo no afecta tu estado de ánimo. No percibes lo rutinario y lento que se puede tornar el día; al contrario, mientras llueve afuera tú permaneces en tu habitación, abrigado, viendo comiquitas y comiendo dulces (si es escondido de tu mamá mucho mejor, se disfruta más) o en el mejor de los casos puedes bañarte bajo la lluvia si convences a tu mamá que no tienes gripe. Cuando eres niño muchas cosas se disfrutan más cuando las haces a escondidas de tu mamá.

La sencillez y belleza de la infancia se puede comparar únicamente con lo corta e intensa que es. No se la de ustedes pero la mia fué muy intensa. Es una etapa que marca tu porvenir a largo plazo. Es un montón de sensaciones nuevas, de experiencias, de cosas que no entiendes, de cosas que no te importan porque tienes a tu mamá o a tu papá a tu lado; sino entiendes les puedes preguntar y lo que te digan así será o si lo prefieres pues no les preguntas. A diferencia de la adolescencia no hay un cambio drástico que te grita: "¡ESTAS CRECIENDO!. No existe linea del tiempo, no sabes que avanza y aunque te lo dijeran no lo entenderías. Es en estas situaciones cuando se dice "La ignorancia es una bendición".

Amaba dormir con mi mamá, era una de las cosas más deliciosas que tenía la vida. Cuando tenía miedo despues de ver una película de terror o estaba enfermo, esa era mi recompensa. El calor y protección que me daba dormir con mi mamá era supremo. Recuerdo que me acurrucaba en su costado, como si inconcientemente quisiera volver al lugar en donde me formé y del que me alimenté mis primeros 9 meses de vida. Por eso los niños lloran cuando nacen, al salir al exterior ya quieren volver allí.

Los domingos en casa de mis primos y tios eran de total disfrute. Tengo la fortuna de tener primos contemporaneos , definitívamente mis primos fueron mis primeros amigos, niño al fin y al cabo asumía que así sería toda mi vida. La gente crece, la gente cambia, la gente se ditancia de seres que fueron primordiales en los primeros años de vida. Los cumpleaños, viajes o cualquier excusa para reunirnos funcionaba para armar nuestro plan paralelo al de la gente grande.

A diferencia de muchos niños me encantaba cuando se acercaban los días para iniciar clases. Esperaba impacientemente cuando mi mamá iba a la escuela a inscribirnos a mi hermano y a mi. Lo primero que le pedia al llegar era la lista de útiles. Me encantaba su olor. La infancia es como una gran libreta en blanco esperando a ser escrita; alli se plasman las referencias para que en un futuro sean comparadas. Los olores son más fuertes y las cosas son más pequeñas de lo que parecían, al pasar los años lo compruebas.

Me encantaba el olor a pintura nueva en la escuela, el olor a barniz en los pupitres impecables y la cara de temor de los niños nuevos era lo máximo.

Los primeros días cuidaba la escritura; de escribir en bolígrafo los títulos y a lapiz los conceptos, despues ehmm... pues no tanto. Y ni hablar de las últimas hojas de todos los cuadernos. Era un placer inconciente escribir en ellas.

Fue en 4to grado cuando que tuve mis primeros amigos que no tenían ningún parentezco. Personas de mi edad con las que tenía afinidad, relaciones que de alguna forma yo busqué, yo alimenté, relaciones que no tenían nombre; lo que me importaba era verlos, jugar con ellos, me emocionaba verlos despues de un fin de semana. A pesar de que solo estudiamos 2 años juntos aún los recuerdo por eso pienso que fueron mis primeros amigos.

Una prueba fehaciente del paso del tiempo es que uno de ellos apareció casi 10 años despues...¿Recuerdan los que les dije en un principio que el tiempo puede ser el enemigo más temido? bueno...

Los seres humanos olvidamos con facilidad los buenos momentos que nos da la vida y por el contrario los malos se quedan sellados en nuestro espírtu y como si de un código de barras se tratase en el momento en que lo rememoramos se hacen carne y recuerdas hasta el más mínimo detalle.

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